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Las contradicciones eclesiásticas frente a los avances médicos

Las autoridades eclesiásticas probablemente no quieren morir, a pesar de que como cristianos de iglesia no deberían tener miedo a la muerte

Ana Sáez Ramírez  |  11 de Noviembre de 2014 (00:00 h.)
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El obispo Wofgang Huber da una idea aproximada sobre cuál es la postura de la Iglesia luterana sobre las células madre, él afirmó: “La investigación de las células madre es aceptable hasta que sea posible la aplicación médica de células madre adultas”. Es decir que en la medicina se tiene la intención de criar células madre adultas para no tener que sacrificar a ningún embrión más. Pero respecto a eso existen diferentes opiniones, pues el obispo de Würtember, Frank Orrfried Juli, que rechaza básicamente toda investigación de células madre, afirma que, con el tiempo, si se empieza a aceptar este tipo de prácticas como normales, habrá consecuencias. Básicamente la Iglesia luterana dice que ellos no emiten juicios morales unánimes, siendo esto algo que deben hacer los fieles por sí mismos. Una postura a todas luces contradictoria y de difícil comprensión.

La historia de la Iglesia deja claro que todo proyecto o práctica médica que haya servido para prolongar la vida o curar enfermedades ha contado siempre con la aprobación de dicha institución, como si para ellos la vida en la Tierra fuera más importante que la vida en el Más allá. Quizás eso refleja que las autoridades eclesiásticas probablemente no quieren morir, a pesar de que como cristianos de iglesia no deberían tener miedo a la muerte. Una “teoría” que gana puntos en el momento que aprueban la tecnología genética y la investigación en células madre, a pesar de haberse mostrados en contra con anterioridad.

Si nos remitimos a la experimentación en animales, la postura de la Iglesia tampoco es demasiado clara. Por una parte dicen que la creación de Dios debe conservarse, por otra, tal como se lee en el catecismo católico, que «Los experimentos médicos y científicos en animales, sí se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables». Dándose el caso, en algunos países, que cuando se inaugura un nuevo centro de experimentación en animales, casi siempre se celebra una misa en la que un cura imparte la bendición. Por ejemplo en la inauguración del centro de experimentación animal de la Universidad Friedrich Alexander de Erlangen, en el año 2005, se celebró una misa en la que se calificaban los tormentos de los animales como profesión. Unos fragmentos del discurso inaugural fueron publicados en el Financial Times, del que reproducimos las siguientes frases: «No es una profesión fácil, porque al final los animales tienen que morir por la humanidad. A cambio esperamos respeto, solicitud, esmero y agradecimiento a Dios».

Pero Dios nunca estuvo en contra de la ciencia. Él tampoco puso nunca trabas al desarrollo de la misma. No obstante hace 2000 años Jesús de Nazaret dio la pauta a la humanidad sobre cómo tratar a los animales, y Sus palabras no dejan lugar a interpretación: “Sabed que aquello que hagáis a la más pequeña de Mis criaturas, eso Me hacéis a Mí”. Por otra parte, y desde hace casi 40 años, recibimos muchas informaciones por parte del Espíritu de Dios a través de Gabriele, la enviada y profeta de Dios para el tiempo actual. Por ejemplo sobre la física cuántica o sobre el cambio climático, y una y otra vez se hace manifiesto que el Espíritu de Dios, por decirlo de algún modo, va por delante de su tiempo. Lo que Él dijo hace más de 20 años por ejemplo sobre el cambio climático, a pesar de que aún no se sabía nada, se está cumpliendo hoy. Por tanto, todo coincide.

 

Ana Sáez Ramirez

Del Programa: La Iglesia y la ciencia: una historia de oportunismo y discordia

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