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VUELVE LA MAGIA, VUELVE VALERÓN, ETERNO 21

Hay momentos en los que a uno le cambia la vida. También hay lugares mágicos, donde surgen personas mágicas y dichas personas hacen pura magia. Uno de esos lugares es Arguineguín, pueblo natal del Mago Valerón

Alfredo Ferreiro Golpe @DjukaDepor  |  25 de Junio de 2015 (12:20 h.)
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Don Juan Carlos es el futbolista en mayúsculas y en toda la extensión de la palabra. Y eso que decían que el bueno era su hermano Miguel Ángel. No lo sé, pero yo doy gracias por haber disfrutado tantos años de este talento descomunal.

El canario lleva dos décadas sentando cátedra por los verdes de España y el mundo. Es capaz de hacer auténticas maravillas con el balón en los pies, e incluso sin el. Ordena, juega, manda, pero siempre sin estridencias, manteniendo su perfil bajo, humilde, pero del que se sabe influyente. Cuentan sus compañeros que prefería regalarles un gol que marcarlo él. Compañerismo se llama a eso. Pero su impronta va más allá. Es un nexo de unión en el vestuario. Su experiencia y sabiduría impregnan a los más jóvenes. No es un compañero de vestuario más, es un amigo –sino preguntémosle a Manuel Pablo- , un maestro ya que imparte clases a cada minuto, un padre que da cobijo a sus “hijos”. Un espejo al que mirar, un espejo digno de admirar.

Técnicamente merece un punto y aparte. Siempre erguido, con tres jugadas pensadas por adelantado a la defensa, juego de primer toque, pases inverosímiles, trote liviano pero contundente, siempre dando apoyo para salir jugando. Manual de crack. Y todo con una imperturbable sonrisa, la sonrisa del flaco, la sonrisa del jugón.

Trayectoria de ida y vuelta la que ha tenido el grancanario. Comenzó su carrera en las islas afortunadas para luego cambiar a Mallorca. Un año y salto a un grande, el Atlético de Madrid. Primer mazazo de su vida. Descenso. Pero esa fatalidad lo curtió. Fue entonces cuando lo ficha Lendoiro para el Depor y comienza a forjarse la leyenda. Llega a un Depor campeón de Liga y bajo su batuta lo vuelve a hacer campeón. Auténticas exhibiciones durante más de diez años y segundo mazazo. Desciende con el Depor tras 20 años en Primera. Por el camino lesiones terroríficas que hubieran tumbado a cualquiera. Pero él se levanta. Y su leyenda se agiganta. Y el Valerón Valerón se convierte en himno en Riazor. La última vez que retumbó en el municipal herculino supuso el tercer descenso de su carrera. Eterna gratitud. Se vio impotente y se hizo a un lado. Sus lágrimas se clavaron como puñales en el deportivismo. Se despidió arropado por sus compañeros pero no acabó su mito ese día. Volvió a su casa, a la Unión Deportiva Las Palmas, y lo acaba de devolver a la élite del fútbol español. Enorme. 

Pues todo esto vuelve a Primera. El mago está de vuelta. Disfrutemos del que puede ser el año de su despedida del fútbol en activo . Tributémosle el reconocimiento que merece. Démosle las gracias por hacer de su profesión un arte. Y sobre todo, por su ejemplo humano, por su ejemplo de lo que debe ser un deportista.

Vuelve la magia, vuelve Valerón, eterno 21.