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INSOMNIO, FELICIDAD… LÁGRIMAS BLANQUIAZULES

5 de la tarde del sábado 23 de Mayo de 2015 en la capital de la República Mexicana. Medianoche en la ciudad de cristal. Me llegan fotografías desde Alvedro y aún siento las lágrimas derramándose por mis mejillas

Alfredo Ferreiro Golpe @DjukaDepor  |  24 de Mayo de 2015 (22:17 h.)
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5 de la tarde del sábado 23 de Mayo de 2015 en la capital de la República Mexicana. Medianoche en la ciudad de cristal. Me llegan fotografías desde Alvedro, donde los aficionados esperan ansiosos la llegada de los gladiadores blanquiazules. Han pasado ya 4 horas desde que acabó el partido de la ciudad condal y aún siento las lágrimas derramándose por mis mejillas. Desde que Lucas envió el esférico al fondo de las mallas para situar el dos a uno en el marcador mi lacrimal no ha cesado de fluir.

Estos últimos 10 días han caído como losas en mi cabeza. Insomnio incluido. Las manecillas de mi despertador golpeaban como tambores, retumbaban sin piedad, y sólo tenía una idea en la cabeza, salvarnos sí o sí. No dormía, vivía en blanquiazul. El partido de Riazor contra el Levante es de los mayores sinsabores de mi vida. Saber que esa victoria casi te condenaba a Segunda cuando ves amaños como en el Real Sociedad – Granada o en el Getafe – Eibar (una pena lo de los armeros pero que no nos hable ahora de tongos por favor). La semana pasó lenta, muy lenta.

Mucho tiempo para reflexionar y cargarse de moral recordando aquel 0-0 del Depor de Lotina, en idéntica situación a la de hoy. Un Barcelona campeón. Y con el añadido de tener 2 finales en puertas. Pero tanta adrenalina estalló en el minuto 5 con el gol de Messi. Sólo la oportunidad de Cavaleiro dio esperanzas. Pero poco duraron porque pronto subió el 2-0 al electrónico del coliseo blaugrana. Todos nos veíamos en Segunda. Sabíamos que dependía todo de un empate. Utópico en esos instantes. Aquí los deportivistas de México (su servidor en el fondo Sur del Distrito Federal, Óscar Amil coruñés afincado en el fondo Norte desde Lindavista, Ramón Rodríguez igualmente coruñés pero desde hace 60 años viviendo en México, Pepe Gabián médico deportivista en Puebla, Óscar mexicano en Aguascalientes, compatriota de Luis Alfredo en Culiacán –Sinaloa-, la familia Planas también en el D.F.,…) junto con los simpatizantes del Depor por nuestra influencia –como todos mis compañeros de BBVA Bancomer a quienes agradezco profundamente sus ánimos y mensajes-, dábamos todo por perdido. No hubiésemos apostado ni un peso por el milagro. Pero el cuadro culé bajó los brazos y ya se sabe, los milagros sólo es capaz de obrarlos el equipo blanquiazul. Un centellazo de Lucas Pérez tras una maniobra de calidad pisando el balón aceleró nuestros corazones. Todos a una comenzamos a presionar, a creer. A punto estuvimos de empujar a gol la falta ejecutada por Medunjanin. Larguero. Pero no bajamos los brazos. Rafinha mientras tanto a lo suyo. A darnos la puntilla. Pero, de repente, los dioses guiñaron el ojo. Era la hora del pequeño gran hombre. Tras un par de rechaces, Diogo Salomao nos lanzó a las estrellas. Estábamos viviendo un sueño que era real. Gritamos como nunca. Saltamos de nuestros asientos. El Depor era equipo de Primera. Luego 5 minutos de descuento que parecieron eternos. Pero ya estaba todo hecho. Final. Lágrimas blanquiazules nuevamente. Lágrimas que siempre agradeceré.

Gracias mamá por parirme coruñés. Gracias papá por llevarme al santuario de Riazor. Gracias por hacerme del Depor. Y gracias a México y sus gentes por permitirme ser embajador de mi ciudad, de mi equipo, de un sentimiento brutal e intenso en tierras lejanas. Porque sólo los deportivistas sabemos lo que sufrimos, gozamos, reímos y lloramos con nuestro Deportiviño. Cada vez más, en México se siente y entiende lo que es ser deportivista.

Felicidades deportivismo. Somos grandes. Somos de Primera. Sempre Depor. Estés donde estés.