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La teoría de la evolución ¿ideología o ciencia?

Hoy por hoy ya se puede afirmar, en contra de lo que se ha creído durante cientos de años, que Dios y la ciencia no están tan alejados

Mª José Navarro  |  18 de Noviembre de 2014 (00:00 h.)
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En el año 1616 La Congregación papal del Índice, creada para censurar y revisar las publicaciones escritas, decretó una prohibición contra los textos copernicanos, ya que Copérnico afirmó que el sol era el punto central, y que la Tierra y el resto de planetas giraban en torno a él. Los años posteriores se caracterizaron por una aparente tranquilidad hasta que en 1632 Galileo Galilei publicó un libro titulado «Diálogo», en el que defendió vehementemente las ideas y la cosmología copernicana, por lo que tuvo que presentarse ante la Inquisición y allí fue obligado a desmentir su tesis. A pesar de esto fue condenado.

Galilei fue el primero que desmitificó  o secularizó el sagrado mundo de los cielos, con lo que de pronto ese tema ya no concernía a la Iglesia, si no que a partir de ese momento correspondía a las ciencias naturales. Newton fue el que, debido al descubrimiento de la gravedad, de algún modo le quitó a la Iglesia el cosmos de las manos. Darwin fue el descubridor de la Teoría evolucionista, según la cual el hombre no es la cumbre de la Creación, sino una especie entre otras, lo que no gustó a la Iglesia. En aquel tiempo había otras opiniones eclesiales a rebatir, por ejemplo sobre la edad de la Tierra. De hecho el arzobispo anglicano de Irlanda James Ussher calculó con exactitud la cronología de los hechos históricos y dijo que la Tierra surgió el 23 de octubre del año 4004 antes de Cristo. Lo interesante es que en esa misma época también se descubrieron los primeros fósiles, lo que una vez enfrentados a esos cálculos cronológicos, puso de manifiesto lo absurdo de los estudios de Ussher, así que se alargó la edad de la Tierra a 75.000 años. (Hoy se sabe que la Tierra tiene una edad de 4.500 millones de años)

Darwin en su tiempo también tuvo un conflicto con la Iglesia cuando presentó la teoría de la evolución, enfrentada diametralmente a la teoría creacionista, la que dice que el origen de la vida hay que interpretarlo según la historia bíblica de la Creación. Una corriente que cuenta con un enorme arraigo en USA, y que incluso en la era Bush se intentó establecer como asignatura de biología en las escuelas, o bien como tema en clases de biología. Sin embargo en el año 2008 la iglesia anglicana de Inglaterra se disculpó por haber combatido el darwinismo en su tiempo. Pero el bisnieto de Darwin, Andrew Darwin, sin embargo, calificó esta disculpa de absurda, puesto que se sabía que en realidad se trataba de una lucha de poder dentro de la iglesia anglicana, no siendo un arrepentimiento sincero al tratarse más bien de política eclesial.

Por lo que respecta a la Iglesia católica, se puede decir que en 1996 el Papa Juan Pablo II reconoció públicamente que la teoría de la evolución era una mera especulación. Luego hubo un movimiento liderado por el arzobispo de Viena, el cardenal Christoph Schönborn, quien en 2005 atacó la teoría de la evolución, diciendo que era ideología y no ciencia. El Papa Benedicto XVI también se posicionó contra la teoría de la evolución, afirmando que esta no es una teoría científica completamente desarrollada, porque a fin de cuentas aún no se ha demostrado. En base a estos pocos datos de entre los muchos que se podían haber seleccionado, cualquier lector, cualquier ciudadano de a pie se preguntará: ¿Cuál es el motivo de tanta resistencia? ¿Por qué le cuesta tanto a la Iglesia reconocer los descubrimientos científicos? Estimado lector, saque usted sus propias conclusiones, nosotros ya lo hemos hecho, en la certeza de que hoy por hoy ya se puede afirmar, en contra de lo que se ha creído durante cientos de años, que Dios y la ciencia no están tan alejados.

 

Mª José Navarro

Del Programa: La Iglesia y la ciencia, una historia de oportunismo y discordia

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