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Las Sufragistas de 1912, España 2015 y Change.org

Es sabido que mientras al PP y al PSOE cada escaño del Congreso les han costado 58.178 y 60.983 votos respectivamente, el resto de los no nacionalistas han tenido que “pagar” 74.600 los de Podemos, 86.824 los de C’s y 457.673 los de IU

Domingo Sanz  |  27 de Diciembre de 2015 (18:36 h.)
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Pocos estrenos han venido tan a cuento, cien años no es nada. Se preguntará usted que tienen que ver las urnas solo para machos de entonces con nuestro sufragio universal de ahora, pero una petición que circula con éxito en Change me ha recordado la discriminación esencial que manda en nuestra ley electoral. Es muy sencillo: cambie aquellas trabajadoras casi esclavas que lo más parecido a una urna que habían visto era la olla en la que podían mandar mientras no pensaran, con la desigualdad actual en el valor del voto de cualquier elector, según donde viva, y tendrá la respuesta inmediata. Por supuesto, desigualdades ambas legalizadas y defendidas a capa y espada por los que las utilizan en su solo beneficio y sus secuaces a sueldo.

Lo de Change es por una petición que ha iniciado esta semana José Antonio Ruiz Pastor, a quien no tengo el gusto, y que en seis días ha recogido 500.000 firmas, si calculan les saldrán 50 por minuto. Lo que pide Ruiz es tan simple como que cada voto valga lo mismo, eliminando una discriminación menos ofensiva, pero también más eficaz, que aquella contra las que lucharon las sufragistas durante 50 años. En algunos sitios aún rige.

Es sabido que mientras al PP y al PSOE cada escaño del Congreso les han costado 58.178 y 60.983 votos respectivamente, el resto de los no nacionalistas han tenido que “pagar” 74.600 los de Podemos, 86.824 los de C’s y 457.673 los de IU. Este hecho desmiente definitivamente que los 350 diputados elegidos para el Congreso representen fielmente la voluntad de un censo discriminado con un criterio no hiriente para cada votante, pero sí muy interesante para los bipartidistas que quieren conservar sus posiciones de dominio. Resultado final: la misma noche electoral eran muchos los que hablaban de volver a convocar elecciones.

Pero si la derrota relativa en el Congreso era difícil de evitar por asuntos como la manera de maltratar Iglesias a sus posibles aliados durante las negociaciones, lo del Senado ha sido para que los que no estamos implicados nos partamos de risa pensando en los políticos partidarios del cambio, es decir, todos menos los del PP. Su obligación era saber lo que ocurriría y, además, se les había advertido que para ganar el Senado la única manera era sumar fuerzas. Eran habas contadas con la ley electoral vigente. Pues bien, de los 204 escaños en liza han conseguido que el PP se llevara 124, es decir el 60% del poder senatorial ¡¡con el 38% de los votos!! Y para su vergüenza como estrategas, el PSOE y Podemos, han conseguido 64 senadores que no sirven para nada ¡¡con el 53% de los votos!! Casi 6.000.000.- más en esa urna para conseguir 60 senadores menos.

Una discriminación difusa de los derechos políticos que no se aplica por razones “personales”, como el sexo, no se vive como propia por los afectados y no va a degenerar en violencia como la que sirvió para que las  sufragistas consiguieran un triunfo imprescindible para la convivencia. Además, la tecnología se ha convertido hoy en un gran aliado de la paz social al canalizar sin tensiones las peticiones contra las injusticias.

Pero no hay nada que garantice que el poder haya aprendido que las discriminaciones legales mantenidas durante mucho tiempo son la causa principal del mal gobierno, la corrupción y caldo de cultivo de las tensiones sociales. La pregunta es: ¿Tendríamos ahora problemas tan difíciles de resolver como el de un billón de deuda o lo de Cataluña si nuestro sistema electoral se hubiera parecido al que pedimos en Change? Son tan pesadas ambas herencias del bipartidismo que la sola sospecha debería llevar a PP y PSOE, sus beneficiarios, a colaborar al máximo con el único futuro decente y dejar de bloquear las reformas necesarias para democratizar la política. La economía está estropeada para muchos años, así que no tienen porque sufrir por el peligro de que otros sean capaces de arreglarla.

Domingo Sanz