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El ser humano está expuesto a posibles mutaciones

Ana Sáez  |  09 de Diciembre de 2014 (21:05 h.)
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El sol es un reactor nuclear gigante en el que los átomos de hidrógeno se funden convirtiéndose en núcleos de helio. En ese proceso surge una energía enorme, donde se combustiona unos 465 millones de toneladas de hidrógeno por segundo. El rendimiento del sol es de 3,8 x 10 (elevado a
26) Watios, algo inimaginable, una irradiación que se emite en gran parte en el ámbito de la luz que es visible para nosotros, pero intervienen otras irradiaciones sin embargo invisibles. Por una parte
las frecuencias electromagnéticas, en el ámbito de onda larga, se trata de las ondas de radio o de la luz infrarroja, y en el ámbito de la onda corta tenemos a los rayos ultravioleta, la irradiación de rayos
gamma o de rayos X.

La irradiación energética, la irradiación de rayos Gamma o la de rayos X, son naturalmente dañinas. También los rayos ultravioleta de clase B, es decir las irradiaciones de onda corta, son nocivas y
podrían destruir la vida en poco tiempo. Por lo que esas partes de irradiación dañinas de onda corta son filtradas por la atmósfera de la Tierra. Tanto la magnetosfera como la capa de ozono filtran bastante
de todo estos rayos dañinos, pero si la capa de ozono se debilitara, llegarían a la Tierra más rayos ultravioleta de clase B altamente energéticos. Por la física sabemos que una irradiación energética
elevada causa más perjuicios que la energía de frecuencias baja. Por suerte contamos con filtros alrededor de la Tierra que, en caso de destruirse o dañarse, nos dejarían expuestos al peligro de una
irradiación de intensidad superior, lo que sería muy perjudicial para la salud del hombre.

El efecto de una irradiación severa modificaría o influiría sobre la información genética o la estructura de las proteínas, dando lugar a posibles mutaciones. Es decir, los Cuantos de Radiación son tan ricos
en energía que podrían destruir una molécula y, si se trata de una molécula de herencia genética, podría incluso a llegar a causar tumores. Visto los peligros a los que podría estar expuesto el ser
humano, habría que decir que el único responsable de la destrucción de la capa de ozono es el hombre mismo. Prácticamente es también una consecuencia de las reacciones químicas de la industria y del
transporte, ambos creados por el ser humano.

Durante la primavera de este año se ha vuelto a comprobar que el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida ha aumentado. A lo que habría que añadir que el problema no es únicamente que la capa de
ozono se ha vuelto más fina, si no que la irradiación solar se ha vuelto más intensa. De hecho existen estudios que constatan que el Sol es más activo que en los pasados 8000 años, por lo que el problema no es sólo de la reducción de la capa de ozono, si no también de las turbulencias causadas por el sol mismo. Por lo que en base al aumento de los rayos ultravioleta, también aumentarán los daños para los seres humanos, pero también para animales y plantas.