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Adiós a 50 años de desencuentro

Manu Montero  |  18 de Diciembre de 2014 (00:55 h.)
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Créanme si afirmo que hoy es un día de júbilo, de alegría contenida y de una cierta sorpresa, no tanto por el hecho en si mismo como por  no haberse  dilatado más en el tiempo y de paso, confirmar mi teoría de que, con Raúl Castro llegarían los cambios, frente a aquellos que  entendían que se perpetuaba un modelo de gobernar o los que veían el fin del modelo cubano diseñado y dirigido por Fidel durante tantos años. Estados Unidos tiende una mano que Cuba acepta poniendo fin a un bloqueo que dura medio siglo, dando paso al establecimiento de relaciones diplomáticas.

Obama y Raúl Castro pasarán a la historia por ser protagonistas de un hecho trascendente que muchos deseábamos y que posiblemente de no interesar a alguien, será a ese reducto de cubanos cobijados en Miami al amparo de una disidencia voluntaria y relativamente cómoda que puede ver como varia una situación que durante todo éste tiempo conllevaba ciertos privilegios, lo que ya les está llevando a mostrar públicamente su total disconformidad con el nuevo proceso que se abre y que consideran casi una traición por parte del gobierno del país que les acogió en su momento. Nada que ver con los mas de once millones de cubanos, castristas o no, que han permanecido en la isla caribeña a “las duras y a las maduras” creyendo que los cambios podían ser posibles. Son eses, los cubanos y cubanas que he tenido la fortuna de conocer, con los que he podido convivir y los que me brindaron su amistad, por los que siento alegría en éste momento histórico, a mi modesto modo de ver.

Desde la distancia que marca el océano Atlántico, que nunca nos ha separado y sí unido a cubanos y gallegos, tengo la profunda convicción de que éste es una de los mejores regalos que cabría esperar en unas fiestas navideñas que ya están ahí. Ha triunfado la razón, la perseverancia, la buena voluntad y la diplomacia para abrir un proceso que sin duda ha de beneficiar a los dos países y lo más importante, a los ciudadanos quienes siempre serán el motivo último por el que se ha de gobernar aunque en ocasiones otros intereses se contraponen.

Atrás queda medio siglo durante el cuál no se acertó con la única solución posible al desencuentro, diálogo. Ahora importa mirar al futuro, que fructifique la diplomacia y con ella las relaciones comerciales, cooperación a todos los niveles y cambios necesarios en las políticas exteriores de ambos países  que habrán de repercutir finalmente en los ciudadanos. Entretanto, hoy me siento muy cubano, de Obama, gallego cien por cien y ciudadano de un mundo donde el ejercicio de la palabra se ha impuesto para encontrar salida a un desencuentro enquistado durante mas de cincuenta años.