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El circo de las mentiras

Manu Montero  |  17 de Marzo de 2015 (11:27 h.)
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Vengan, vean y pasen. Tomen acomodo, la sesión ha comenzado con la campaña electoral de las elecciones en Andalucía, continuará en Mayo con las municipales y tendrá su acto final con las generales, en lo que sin duda, va a ser un año cargado de compromisos y promesas que como siempre, caerán en el olvido una vez celebradas las correspondientes consultas.

Lo más recurrente en los últimos años es sin duda la creación de empleo y es aquí donde el actual partido en el gobierno, a modo y manera que otros hicieron con anterioridad, ni corto ni perezoso promete, nada mas y nada menos que, crear 500.000 puestos de trabajo en Andalucía o tres millones en todo el estado. ¿Quien da más?; Los unos y los otros prometen la lucha contra el fraude fiscal, la corrupción, la defensa de la educación y la sanidad, el acceso a una vivienda digna y así hasta completar un amplio catálogo de ofertas a modo de liquidación por cierre de cualquiera de los miles de establecimientos de todo tipo, extendidos por la geografía de un estado en el que, sus ciudadanos, luchan por sobrevivir al caos del paro y los recibos de los servicios más básicos, al tiempo que demandan y esperan la ayuda de Cáritas, Cruz Roja, los comedores sociales y otras muchas organizaciones no gubernamentales que tratan de suplir cada día las carencias, tanto del gobierno central como las comunidades autonómicas, cuyos representantes tienen como preocupación máxima los resultados electorales, y consecuencia de dicho proceso, con quienes pueden aliarse para mantener el poder político con independencia de la decisión de los ciudadanos. Eso es lo que de verdad importa: obtener el poder y no tanto que se puede hacer desde él, por y para los ciudadanos convertidos en simples números matemáticos de sumas y restas, consumidores finales sin derecho a devolución de una mercancía defectuosa vendida bajo la influencia de “publicidad engañosa” que hemos de quedarnosla como mínimo hasta su fecha de caducidad establecida en cuatro años prorrogables donde, ilusos que queremos o tenemos la necesidad de creer en el cambio, volvemos a brindar nuestra confianza. En este mar revuelto en el que los únicos que obtienen ganancia son los políticos, los ciudadanos debemos tomar conciencia de que, cualquier cambio depende de nosotros mismos, afortunados, independientemente de la crisis, de vivir en un estado democrático en el que si algo aún mantenemos es la capacidad de inclinar la balanza hacia un lado u otro con el ejercicio responsable de nuestro voto. Somos nosotros quienes decidimos, a fin de cuentas, la continuidad de aquellos que prometen cumplir lo que ya sabemos que no hicieron o creer en aquellos otros que se comprometen con lo que no sabemos si será o no. En definitiva esa es la diferencia entre la apuesta por el continuismo o por el cambio, aunque tampoco este sea garantía de mucho o casi nada. En todo caso, para quienes ya hemos perdido tanto que ya casi ni la esperanza nos asiste, ningún cambio podrá empeorar nuestra situación, por lo que, en terminos futbolísticos, bien podríamos decir que, en el peor de los casos, si no ganamos, empatamos.