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Los que peinamos canas recordamos que, hace cuarenta años, un grupo de jóvenes hacía tambalear los cimientos de la incipiente democracia

Gonzalo Soto  |  09 de noviembre de 2014 (00:00 h.)
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Dos jóvenes que hicieron ilusionar a millones de españoles

Cuando un país camina por la autopista de la corrupción, la política se descompone, es cuando emergen personas con liderazgo suficiente para dar un cambio a las estructuras del Estado.

Hace cuarenta años cuando las encuestas anunciaban que el PSOE iba a ser claro vencedor de las elecciones generales, los nostálgicos y otros demócratas de camisa azul, comenzaron una campaña feroz contra Felipe González, miraron debajo de su cama para  averiguar todo lo imaginable y lo que no encontraron lo inventaron.

El PSOE gana las elecciones, nadie salió a la calle a cobrase venganzas, la llegada de los socialistas al poder marcó definitivamente  la muerte del franquismo, aunque en los cuarteles algunos sables de la vieja guardia franquista, al intentar desenvainarlos, hacían cierto ruido, silenciados por la mayoría de los mandos  militares que actuaron con dignidad propia del estamento militar,  manteniéndose al margen del acontecer político.

Gobernaron los socialistas y no pasó nada, los españoles conocemos nuestro camino, sabemos vivir en paz y libertad, como lo hemos demostrado a lo largo de todos estos años. Yo que soy republicano y galeguista, reconozco la importancia de Juan Carlos en la Transición y en la etapa que duró su reinado, sustraerse a esa realidad, solo un necio lo hace.

 A los que hoy peinamos canas, que hemos rebasado con creces la línea del miedo, por no decir a  los que padecemos alopecia galopante, no nos está resultando extraño la aparición de Podemos como nueva fuerza política. España necesita reinventarse políticamente, las actuales políticas del PP y PSOE han convertido a los partidos políticos en Sodoma y Gomorra de la corrupción, sin olvidar a los patriotas nacionalistas catalanes que se llevaron el agua de los floreros al extranjero. Galicia no se sustrae al comportamiento de ciertos nacionalistas, cuando tocaron moqueta de poder se convirtieron en la nueva burguesía política gallega. Algunos electos de la llamada izquierda nacionalista, en la toma de posesión llevaban  pantalón y chaqueta de pana y un mes después, los trajes eran confeccionados por  Adolfo Domínguez o Florentino.

Es cierto que hay políticos ejemplares, aunque con todo lo que se está descubriendo, incluso en Galicia con los cursos de formación y ayudas europeas a ciertas empresas de familiares y amigos de políticos en el poder, pocos son. Si Lot preguntara al Señor si hay un solo justo entre la clase dirigente gallega, creo que tendrían que buscar a Diógenes para que con su farol de carburo encontrara a uno solo en las instituciones públicas.  

La única diferencia entre lo sucedido ayer y hoy, estriba en que los jóvenes de aquella época venían respaldados por cien años de historia y honradez, además de miles de muertos por defender lo que creían, los de ahora, de momento, van por libre.

¿Coincidencia o destino? El fundador del partido político con más de cien años de honradez se llamaba Pablo Iglesias, puede que el espíritu de aquel buen hombre se haya reencarnado en el actual Pablo Iglesias, o como señalan los piloneros mediáticos, es el anticristo político que viene a hundir a la nación española.

 

 

La incertidumbre laboral y política era clara. Por un lado, en el centro y la derecha, estaba la UCD, liderado por Adolfo Suárez,  rodeado de “jefes de tribu”, que ya ocupaban puestos de poder en la dictadura y la escisión protagonizada por Manuel Fraga, creando Alianza Popular, que en un principio estuvo llamado a ser un partido minoritario. En esa ala del espectro político, también tuvieron protagonismo en escaños, la extrema derecha franquista, que lideraba Blas Piñar.

El Partido Comunista, el de los cuernos y rabo de demonio, como decían a los escolares los enseñantes de la época dictatorial, liderado por Santiago Carrillo y el PSDP, cuyo líder era Tierno Galván, ambos con bagaje, experiencia y años, fueron claves en la Transición. Y también el PSOE, liderado con jóvenes, que carecían de experiencia y su juventud, era cuando menos provocativa.

 

Felipe González entró en la Moncloa con traje de pana 

Los partidos nacionalistas Vascos y catalanes servían de llave, para consolidar mayorías en el Parlamento. PNV y CIU lograron ocho escaños en las primeras elecciones, los primeros con Carlos Garaicoechea y luego con Xavier Arzalluz y los segundos de la mano del imputado y patriota catalán, con la pasta guindada a buen recaudo fuera de Cataluña,  Jordi Pujol.

Podemos y PSOE tiene un nexo común, los jóvenes socialistas tomaron como slogan de campaña,” Por el cambio”, que viene a decir los mismo que Podemos, con el slogan integrado en el nombre de la fuerza política. También coincidían en los temores que provocaban en los mismos sectores que detectaban el poder y transmitían a los electores, falta de experiencia, revolución social, etc.

Las circunstancias socio políticas eran parecidas;  alto índice de paro, instituciones obsoletas y lo más grave, era el poder que ostentaban los barones de la UCD, en sus respectivas parcelas. Por transformar hasta se transformaron, igual que sucede hoy, que los lugares de celebración de mítines en las campañas electorales, tuvieron que celebrarse en lugares de gran aforo, pasando de Teatros a Palacios de los Deportes y Plazas de Toros.

Pasados los años y tras ganar varias elecciones sucesivas, los problemas de corrupción entre las filas socialistas comenzaron a aflorar y con ello el sentimiento de “casta política”, lo que hace que aún pervivan en puestos relevantes y no en muchas ocasiones relacionados con la política, sino también con el mundo empresarial.

Una de las promesas estrella de Felipe González era la creación de 800.000 puestos de trabajo, lo que sirvió para que fuese motivo de burla de los humoristas de la época. Pedro Ruiz decía que los socialistas habían cumplido: “Fueron los españoles que por el acento andaluz de Felipe no entendieron que habían dicho, crearemos ochocientos o mil puestos de trabajo”.

Los españoles queremos cambios, la transición la llevó a cabo Adolfo Suárez. El primero cambio  fue con Felipe, luego Aznar, Zapatero, Rajoy y hoy el pueblo español quiere que Podemos pilote el cambio político de  España, más que por sus meritos que no se le conocen, es porque se han cansado los ciudadanos de que la clase política les roben el plato de lentejas de cada día, dejando al borde de la exclusión social a miles de españoles en paro.