11:44 h. Domingo, 18 de Noviembre de 2018

Stadio Sport

El fútbol y los males de España

Stadio Sport  |  20 de Junio de 2014 (00:00 h.)
Más acciones:

 

Para algunos, no hay peor síntoma del comienzo del reinado de Felipe VI que la eliminación de España del Mundial de fútbol, como si tuvieran tanto que ver las churras con las merinas.

A corto plazo, lo más importante es el pastón que nos vamos a ahorrar en primas a la selección mejor pagada y subvencionada del mundo. No deja de ser curioso, por otra parte, que la Liga española es la que más jugadores aporta este mundial del fútbol global, en competencia solamente con la Premier inglesa.

Pero éste no es el momento de rasgarse las vestiduras por algo tan contingente como un deporte, como tampoco lo fue en su momento para dar a sus protagonistas premios Príncipe de Asturias, títulos de Marqueses o ponerlos como ejemplo de todas las virtudes empresariales, de motivación y hasta de comportamiento cívico y social. Ni tanto ni tan calvo.

Lo sorprendente es que nadie se haya percatado de las carencias asociativas y de juego de una selección que en los dos últimos años sólo consigue ganar por la mínima, a trancas y barrancas, a rivales sin tradición futbolística, jugando hacia atrás, sin crear situaciones de gol y aburriendo hasta a las ovejas. ¡Dónde quedó aquel vibrante y melodioso tiqui-taca con el que nos deleitara Pepe Guardiola!

La anticipación de lo que nos esperaba la tuvimos hace ya dos años, cuando la selección sub 21, favorita en los Juegos Olímpicos de Londres, fue eliminada en la primera fase ¡sin haber metido un solo gol! Los mismos que no sabían hacerlos entonces tampoco los saben meter ahora.

Pero no son momentos, digo, para rasgarse las vestiduras. ¡Ojalá todos los problemas de España se redujeran a nuestro declive futbolístico! Eso no es nada ante la articulación del estado, la disminución de renta de los españoles, los recortes sociales, la confrontación callejera,…

Hasta ahora, el fútbol servía para canalizar algunas de estas frustraciones. Pero la falta de esa cómoda y simple válvula de escape no hace pensar, ni mucho menos, que a partir de ahora las cosas vayan a ir mejor.