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ESPERPENTO HERRERA

Hoy debería estar contando el triunfo del combinado mexicano en la Copa de Oro, debería agradecer a Guardado el esfuerzo en el terreno de juego y felicitarlo por su trofeo de jugador más valioso, pero un suceso deleznable, atroz, pueril, barriobajero, atrae poderosamente mi atención

Alfredo Ferreiro Golpe @DjukaDepor  |  28 de Julio de 2015 (01:00 h.)
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Permítanme hoy hacer un ejercicio sencillo con ustedes. Siéntense, cierren los ojos y mediten por un momento. ¿Qué nos parece el mundo en el que vivimos? ¿Nos gusta esta sociedad de mierda donde no nos importa nada, donde no respetamos a los demás, donde sólo sirve la ley del más fuerte o donde los valores están tan perdidos? ¿Estamos orgullosos con lo que aportamos al mundo? ¿Es esta la sociedad que queremos dejar a nuestros hijos? Si mayoritariamente las respuestas son No, estamos en la senda correcta. De no ser así, o estamos muy perdidos y quizás necesitemos ayuda, o estamos locos. Sin más.

Hoy debería estar contando el triunfo del combinado mexicano en la Copa de Oro, debería agradecer a Guardado el esfuerzo en el terreno de juego y felicitarlo por su trofeo de jugador más valioso, pero un suceso deleznable, atroz, pueril, barriobajero, atrae poderosamente mi atención.

Es absolutamente increíble que en pleno siglo XXI haya gente que no entienda lo que significa tener libertad de expresión, un derecho universal y democrático símbolo de progreso de los pueblos. El que no acepte críticas y se las lleve al terreno del ataque frontal es que está dañado mentalmente de una manera ostensible y severa. La crítica te hace ver otros puntos de vista, te da golpetazos brutales de realidad,  te hace sensible al sentir popular, por muy impopular personalmente que te parezca. En definitiva, la crítica, si la tomas por el lado constructivo, te lleva a crecer y a buscar tu excelencia personal. Si, por el contrario, demostrando nulidad mental e inteligencia limitada, la tomas por el lado personal, te conviertes en lo que es a día de hoy el seleccionador mexicano, Miguel Herrera, un auténtico bárbaro, un niño mimado protegido por los brazos de una televisora que lo puso al frente de un equipo a la deriva, y que sigue por los mismos caminos un año más tarde. No has aportado nada Herrera, nada.

El episodio pugilístico y verbal contra el periodista de TV Azteca Cristian Martinoli no ha hecho más que retratarlo como lo que es, un ignorante carente de toda catadura moral. Si este hombre  atendiese a lo que lo rodea se daría cuenta que millones de niños mexicanos tienen en su persona a un ejemplo a imitar por su repercusión mediática –ni George Clooney hace tantos spots publicitarios- pero ni aún así actúa en consecuencia. Es más, si este hombre leyese alguna vez el diccionario y buscase la palabra deportivo encontraría que es actuar bajo normas de corrección. Pues bien, o no sabe leer, o no le interesa lo más mínimo actuar como un caballero.

Parece mentira ¿verdad? Quién le iba a decir al gran escritor gallego Ramón María del Valle Inclán, insigne representante del modernismo literario español, y en parte de la renombrada generación del 98, que la creación del género del esperpento en su fantástica obra Luces de bohemia –entiéndase el concepto de esperpento como degradación, animalización o cosificación de los personajes- iba a tener protagonismo con un episodio tan bochornoso, casi cien años más tarde, como el de un Piojo golpeando impunemente a un comunicador.

Gente así no merece tener espacio dentro del deporte. O cambias o que te cambien. El daño que haces, Herrera, al fútbol y al deporte, es irreparable. Que te aguante quién quiera. Los que amamos el deporte te queremos lejos. Para esperpentos, los de Valle Inclán y su genialidad, no los tuyos.