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Stadio Sport

ADIOS PORTERO, GRACIAS POR TODO

Gracias Iker por todo lo que nos has dado a los españoles, por esas paradas mágicas y por esas copas que has levantado haciendo tocar el cielo futbolero a nuestro país. Hasta pronto maestro

Alfredo Ferreiro Golpe @DjukaDepor  |  13 de Julio de 2015 (00:00 h.)
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Hoy, se va otro grande de nuestro fútbol, otro de los que hicieron de España un conjunto temido a nivel internacional, un equipo campeón. Sin él, sin Xavi, sin Puyol, sin Luis Aragonés, nada, absolutamente nada hubiera sido posible. Los ciclos se cierran, las generaciones vuelan, pero las despedidas marcan diferencias.

Vaya por delante que el que suscribe, humilde redactor de ustedes, es un romántico del fútbol. No entiendo de Qatares, no entiendo de Estados Unidos, no entiendo de retiros exóticos. Me sigue gustando ser el iluso, el soñador, el que nace, vive y muere con los mismos colores. Y más aún cuando se es leyenda. Pero, al final, son los profesionales los que marcan sus decisiones. Yo, siendo Iker Casillas, hoy estaría colgando los guantes.  

 

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El gran capitán del Real Madrid y de la selección española, dice adiós al conjunto merengue. Y, como suele pasar con el equipo capitalino, lo hace por la puerta trasera. Esa que van abriendo una larga lista de jugadores en la época del Florentinato. Uno desde la distancia no sabe bien si esto sucede por culpa de los que le dan a la pelotita, que se creen dueños y señores del club, o del que se sienta en la poltrona, quién con su paletismo se cree el rey del mambo. Lo que sí se percibe es que ese club que se presume señor, y que parece como si diese lecciones de moral y valores a los demás, no es más que una trituradora de personas, y el único valor que promulga es el del cochino dinero.

Este punto y final se viene gestando desde años atrás. El desastroso y dictatorial presidente blanco contrata para llevar al equipo al que según él era el mejor entrenador del mundo, José Mourinho. Autoritario, prepotente, mezquino, miserable, generador de enemistades y ruptura grupal y social. Ese era el portugués al que Florentino Pérez dio galones de capitán general y el portero de Móstoles empezó a sufrirlo en sus propias carnes. Cada vez contaba menos. Era un secundario de lujo, pero secundario. Hasta que su dedo acusador lo tildó de “topo”. Y lo degradó y vejó hasta el punto de poner a Antonio Adán como titular, con todos los respetos para el actual guardameta bético, un arquero que no tenía, tiene ni tendrá enjundia suficiente como para defender las redes de uno de los equipos más potentes del mundo. La consecuencia fue la normal, y más para un portero, pérdida de confianza.

Cuando un jugador no juega pierde feeling, se siente inseguro, dubitativo, y más para el caso de quién está bajo palos. Se pierden reflejos, agilidad, mando,…El mostoleño dejó de ser el mejor portero del mundo. Y ya nunca más volvió. Ancelotti intentó recuperarlo, pero una vez más, Florentino Pérez actuó de manera impropia de alguien inteligente, de alguien que volvía a decir que el técnico italiano era el mejor del mundo, el más apropiado para la Casa Blanca. O más bien, propia de quién no sabe de esto, y despidió a Carletto, quién fue ejemplo como persona y profesional. Otra muesca en el revolver de pendejismo del líder de ACS. Si es que el que nace tonto, tonto muere, por mucho dinero que tenga.

 

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Quién sabe si ahora, en el equipo portugués del Oporto, se vuelve a convertir en un dragón, en el que fue antaño, el más grande. Ojalá y tenga suerte, porque los aficionados de verdad, independientemente de colores y sentimientos, se la deseamos siempre a los jugadores legendarios, y Casillas es uno de ellos.

A la estupidez presidencial que rige los designios de la escuadra de Chamartín, recomendarle que a esto le dan grandeza los jugadores, que sin ellos no existe el negocio, y que en el fútbol, como en tantos otros deportes, las pasiones priman sobre lo económico. Señor Pérez, aunque no sé si lo de señor le quede grande, hágaselo mirar. O cuando menos, cruce el puente aéreo a Barcelona, y mire como despiden a sus leyendas, en loor de multitudes. Y no solos, como traidores, como pasa con usted.

Gracias Iker por todo lo que nos has dado a los españoles, por esas paradas mágicas y por esas copas que has levantado haciendo tocar el cielo futbolero a nuestro país. Hasta pronto maestro.