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Cómo un periodista se drogó con EPO y vulneró los controles

Mark Daly, de la BBC, puso a prueba la efectividad del pasaporte biológico gracias a una estudiada planificación

Canchallena.com  |  10 de Junio de 2015 (20:55 h.)
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Sentí como si hubiera traspasado una línea. Puede que no sea un deportista de élite, pero aun así soy deportista. Y acababa de ponerme la primera inyección de EPO. Mi objetivo no era ganar una medalla o lograr entrar en un equipo, sino poner a prueba la efectividad del pasaporte biológico de los deportistas, la última herramienta en el combate global contra el dopaje en el deporte. Fue una decisión que no tomé a la ligera. Decidí hacer lo que ningún deportista de élite haría: poner a prueba el pasaporte convirtiéndome yo mismo en un dopado.

Durante un año había estado investigando acusaciones sobre el dopaje en el deporte y explorando el estereotipo de que quienes se dopan están "un paso por delante" de las autoridades.

Cuando apareció el pasaporte biológico en 2009, algunos lo vieron como el salvador del deporte limpio. Incluso el ciclista estadounidense caído en desgracia Lance Armstrong dijo que el pasaporte funcionaba y que habría evitado que él hiciera uso de las técnicas de dopaje en la sangre que utilizó para ganar siete títulos del Tour de Francia. Desde 2012, cerca de 50 atletas han sido inhabilitados por irregularidades en el pasaporte biológico. Pero, ¿son todos? ¿Y pueden los deportistas que están limpios realmente estar seguros de que el pasaporte está nivelando el campo de juego?

 

El pasaporte

El pasaporte biológico consta de diferentes partes pero la primera que se presentó, que es la que nos interesa ahora, es el módulo hematológico del documento. La EPO, o eritropoyetina, es una sustancia natural que producen los riñones y que estimula la creación de nuevos glóbulos rojos. Sustancias que estimulan la sangre como la EPO sólo se detectan en la orina o la sangre durante un corto margen de tiempo. La idea del pasaporte fue pasar de buscar la droga en sí a intentar detectar sus efectos.

El pasaporte requiere una serie de muestras del deportista, al menos cuatro. Estas se utilizan para establecer valores de sangre normales o base, que se colocan en un gráfico. Una vez que se establecen los niveles normales de la sangre, se fijan límites naturales por arriba y por debajo. Los dos números más importantes son el volumen de hemoglobina (glóbulos rojos maduros) y el porcentaje de reticulocitos (glóbulos rojos inmaduros). También hay una tercera medida, llamada el marcador OFF, que es el índice que se obtiene al combinar esas dos cifras.

Carsten Lundby, uno de los líderes mundiales en el estudio del efecto que sustancias como la EPO tienen en el cuerpo, me dijo que la EPO aumenta la cantidad de glóbulos rojos en la sangre y estos son los que llevan oxígeno a tus músculos. "A mayor oxígeno, más potencia, más velocidad; está bastante claro, en realidad", dijo Lundby. "El pasaporte biológico de un atleta puede indicar cualquier tipo de dopaje en la sangre. Mostrará que tienes variaciones anormales en tus valores de sangre y que algo sospechoso está sucediendo".

Algo "sospechoso" puede ser una transfusión de sangre o una inyección de EPO, pero, ¿cuán sospechoso tiene que ser? Algunos científicos, incluyendo Lundby, han puesto en duda la eficacia del pasaporte y también su sensibilidad a las dosis pequeñas. El beneficio de las pequeñas dosis para el desempeño deportivo será menor, pero también lo es el riesgo de que encienda las alarmas.

 

Mi experimento

Siempre he estado en forma y he competido en decenas, si no cientos, de carreras ciclistas, atléticas, de natación e incluso triatlones. También he completado dos triatlones Ironman (la prueba más exigente de triatlón, que consta de 3,86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie), uno de ellos en menos de 11 horas.Aun así, decidí que no competiría mientras durara el experimento.

Conseguí un entrenador con experiencia, Kevin Henderson, que me entrenó durante cuatro meses previos al experimento. Seguí corriendo y nadando, pero me concentré sobre todo en el ciclismo, tanto en pista cubierta como en la calle, en todo tipo de condiciones climáticas. Me acostumbré a entrenar unas 12 horas a la semana.

Los efectos eran evidentes. Era capaz de mantener el ritmo de grupos que anteriormente sólo veía desaparecer en la distancia. Incluso logré estar entre los 10 mejores en una carrera ciclista, un resultado bastante bueno para mí. Antes de comenzar el experimento estaba más en forma que nunca. Kevin continuó entrenándome durante todo el experimento, manteniendo el mismo nivel de esfuerzo. También me sumergí en la ciencia del dopaje en la sangre.

El experimento duraría 14 semanas y tendría tres fases. Me extraerían sangre una vez a la semana para ser analizada en un laboratorio. Un médico controlaría mi salud en todo momento.

 

Punto de partida - semanas 1-3: establecer cuáles son mis valores de sangre "normales". Test de desempeño al final de la semana 3

Carga - semanas 4-10: someterme a un programa de entre 2-3 inyecciones con una dosis pequeña de EPO a la semana. Cada inyección sería supervisada. Test de desempeño al final de la semana 10

Fase de eliminación - semanas 11-14: fase esencial del experimento, cuando debo dejar de tomar EPO y el pasaporte tiene que ser más eficaz.

 

El plan era recopilar 14 análisis de sangre y hacerlos pasar por el programa informático del pasaporte biológico para ver si me cazaban. Pero quedaban todavía dos grandes obstáculos: necesitaba la ayuda de un científico acreditado de la Agencia Mundial Antidopaje con acceso al software del pasaporte; y necesitaba algo de EPO, que sólo se consigue en Reino Unido por prescripción médica, generalmente para personas enfermas con valores bajos en sangre.

Finalmente encontré a alguien adecuadamente acreditado dentro del mundo antidoping que contrastaría mis valores con el software, pero bajo condición de anonimato. Un problema resuelto. Pero sin la ayuda de un médico cómplice, ¿cómo podría conseguir EPO? En internet, por supuesto.

Mi investigación se centraba principalmente en la élite pero no hace falta ser un genio para deducir que si estas sustancias, esteroides y hormonas de diseño están disponibles online, enseguida se filtrarán hacia niveles menos profesionales.

Eso es lo que teme Andy Parkinson, el ex jefe de la agencia antidopaje de Reino Unido. Me dijo que internet cambió "totalmente" la lucha contra las drogas en el deporte."Hace 10 ó 15 años, si querías conseguir una sustancia prohibida, tenías que conocer a alguien en persona y comprársela", señaló Parkinson. "Ahora puedes estar sentado en casa y pedir casi todo lo que quieras", agregó. "Lo que es realmente aterrador es que no sabes lo que estás comprando".

Tiene razón. Elegí una página de internet al azar y pedí 10 ampollas de EPO. El sitio parecía vender suministros farmacéuticos chinos pero tuve que enviar una transferencia de 300 libras a una tal Tatiana que parecía estar en Europa del Este. Pasaron tres semanas y llegó un paquete procedente de China. Después de enviarlo a un laboratorio para que confirmaran que era EPO, estaba listo para empezar.

Tras las tres primeras semanas, me sometí a una prueba de esfuerzo llamada VO2 max, que mide la forma física calculando la toma máxima de oxígeno. Había que montar en una bicicleta estática e ir aumentando la resistencia de forma gradual, en vatios, hasta que no pudiera pedalear más. Decir que esto es un castigo ni siquiera hace justicia. Estoy cableado a una máscara, a través de la cual es difícil respirar, y rodeado por un equipo de grabación que espera grandes cosas. Logré pedalear 11,5 minutos y una potencia de 350 vatios. Casi enfermé. Estaba contento, sin embargo, por haber alcanzado un 58 en el test, que es mejor que la media de 35 aunque bastante pobre en comparación con el 70 o más de un atleta de élite. Ahora que había establecido un marcador de desempeño "limpio", era el momento de emprender la fase de carga.

Mi primera dosis de una sustancia prohibida tuvo sobre mí un efecto que no esperaba: había hecho trampa por primera vez y me sentí muy mal. No estaba compitiendo con EPO en mi sangre y probablemente tampoco lo haría por un tiempo después del experimento, así que ninguno de mis competidores iba a salir perdiendo por lo que yo estaba haciendo. Pero hice trampa y no me parecía bien. Sin embargo, creía firmemente que lo que hacía era para el interés público. Dejé esos pensamientos a un lado y continué con el entrenamiento y con mi investigación.

En un par de semanas empecé a notar una diferencia, en especial en las carreras más largas. Tenía mucha más potencia al final de lo que normalmente tenía. Para la octava semana los cambios eran evidentes. Subía cuestas pronunciadas después de cuatro horas rodando como si no estuvieran ahí. Como cualquiera que está involucrado en el deporte, normalmente volvía a casa después de una buena sesión y tenía muy buenas sensaciones al respecto. Ahora me estaba entrenado a un nivel que nunca antes había alcanzado pero no había disfrute en ello, sabía que no era real. Muy pocas personas sabían lo que estaba haciendo. Dejé de entrenar con amigos, y constantemente me preguntaba cómo estarían mis niveles de sangre y si las cifras desatarían la alarma en el pasaporte.

Para la semana 10, tenía bastante confianza en que las drogas le habían dado a mi entrenamiento un impulso considerable pero fui al laboratorio para hacer otro test VO2 max para asegurarme. Superé ampliamente mi marca anterior y me mantuve por más de 12 minutos y 375 vatios. Esto me dio una puntuación de 63, un aumento del 7% en siete semanas. Si se tiene en cuenta que incluso medio punto porcentual puede marcar la diferencia en el deporte de élite, es un salto tremendo. No hubo entusiasmo sino la triste aceptación de lo que sospechaba: si colocas a dos personas con capacidades equivalentes, y una de ellas se dopa, es casi seguro que gane el tramposo.

 

dop 1

 

 

Salir bien del control

Llegué a la semana 11, la fase de eliminación. Todavía entrenaba pero había dejado de tomar EPO. Es el punto en el que se deben preocupar los verdaderos tramposos porque el cuerpo quiere restablecer los valores normales en sangre, algo que si sucede de forma demasiado rápida puede causar una subida repentina en el marcador OFF o una bajada en la cifra de reticulocitos, lo que puede despertar sospechas en el pasaporte biológico. Envié 14 muestras tomadas a lo largo de 14 semanas a mi contacto antidopaje confidencial y las cifras fueron estudiadas con el software del pasaporte. Si bien lo medio esperaba, me quedé sorprendido al recibir el resultado: pasé la prueba.

Pese a tomar EPO por siete semanas, viendo continuas subidas en mis valores de hemoglobina y hematocrito, y obteniendo un claro beneficio en cuanto al desempeño deportivo, estaba limpio. No puedo publicar los resultados porque tengo que proteger a mi fuente y tampoco quiero revelar nada que pueda ayudar a otros a hacer trampas, así que volví al profesor Lundby, que me ayudó a interpretar los datos.Dijo que podía ver "rastros" de lo que había hecho pero "no de una magnitud suficiente para obtener un resultado analítico adverso" en el pasaporte. "No hay pruebas de que te hayas inyectado EPO", indicó Lundby. "Si fueras un atleta, te habrías salido con la tuya".

Esto confirmó mis temores de que el pasaporte puso un freno a los peores excesos de la era de Lance Armstrong pero que no era lo suficientemente sensible para identificar un programa cuidadoso de dosis pequeñas. "Lo que me preocupa como científico, lo que me resulta nuevo, es que un tipo normal y corriente pueda mirar información en Internet, inyectarse unas sustancias y zafar", añadió.

Cuando viajé a Montreal, Canadá, para entrevistar al jefe ejecutivo de la Agencia Mundial Antidopaje, David Howman, le mostré los resultados de mi experimento. "Sin duda sabemos que hay personas que intentan batir al sistema y el pasaporte no será una excepción", reaccionó Howman. "Pero el pasaporte ha marcado una gran diferencia. Ha reducido de forma sustancial el abuso del dopaje en sangre que conocimos en el pasado. No es una panacea. Es otra herramienta más, por decirlo de alguna manera, y no sólo se emplea para encontrar a alguien que viole las normas sino también para decir: 'Este tipo tiene un perfil algo torcido. Vaya y hágale más tests'", señaló.

No he vuelto a rodar en mi bicicleta desde que terminé el experimento. Me abrió los ojos, no sólo ante la diferencia que puede marcar tomar drogas que mejoran el desempeño deportivo, no hay nada nuevo en eso, pero respecto a lo fácil que me resultó hacerlo sin ser detectado. Y ahora que sé lo efectivas que pueden ser las sustancias prohibidas, me intento poner en el lugar de los atletas limpios que sospechan que sus competidores se dopan.¿Cómo debe ser eso de duro? Si algo aprendí -y si el dopaje está tan presente como algunos temen- es que aquellos deportistas que deciden competir limpios merecen nuestro máximo respeto y admiración. Quizá vuelva a salir con la bicicleta este fin de semana.